También conocida como sarda o verdel, la caballa es un pez marino de la familia de los escómbridos, muy fácil de reconocer por su cuerpo de color azul con bandas oscuras, vientre plateado y aletas grises.
Gran depredadora, la caballa se alimenta de sardinas y de otros pequeños pelágicos. Aparece en las costas formando grandes bancos procedente de aguas profundas donde pasa del invierno.

Como el resto de las conservas de pescados, la caballa pertenece a los denominados “pescados azules”. La presencia de grasa rica en ácidos poliinsaturados la convierte en un pescado altamente saludable para nuestro organismo.

El elevado contenido protéico de la caballa, similar a la del huevo o a la carne, la sitúa entre los alimentos que intervienen en la formación de la estructura muscular de nuestro organismo. Entre los aminoácidos esenciales que abundan en la proteína de los pescados azules figura la lisina, fundamental para el crecimiento de los niños, y el triptófano, necesario en la formación de la sangre.

La caballa es un alimento de fácil digestión y una excelente fuente de vitaminas y minerales que se mantienen íntegros en la conserva.

El omega 3

La caballa, con larga tradición en la conserva, aporta ácidos grasos oléico, linoléico (esencial porque el organismo no lo sintetiza y sólo puede obtenerse a través de la alimentación) y omega 3.

El omega 3 es una grasa poliinsaturada con demostrados beneficios para el corazón, puesto que ayuda a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, disminuye la presión arterial, aumenta la vasodilatación y reduce, por tanto, los riesgos de infarto miocardio.

Los primeros descubrimientos que llevaron al hallazgo de este nutriente tuvieron lugar a principio de los años setenta cuando unos científicos daneses trataban de averiguar por qué el índice de infarto entre los esquimales era casi inexistente, comparando con en de los europeos.

No podía tratarse de una razón genética porque cuando los esquimales emigraban a Europa y se adaptaban a los hábitos alimenticios de este continente su tasa de infarto se equiparaba a la de los europeos.

Las investigaciones revelaron que el escudo protector de los esquimales no era otro que su alto consumo de pescado azul.

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